En primer lugar, quería agradecer a su majestad el Rey Felipe VI por su amable invitación para participar en esta Cumbre. Agradecimiento que va también para el Gobierno de España y a su Presidente, así como para la Secretaría General Iberoamericana, por la magnífica organización de este encuentro. Asimismo, quiero enviar un mensaje de condolencias y solidaridad con las víctimas del terrible accidente de tren ocurrido la semana pasada en Urda. Echemos la vista atrás por un momento para recordar el contexto en el que, hace treinta y cinco años, los líderes de los países iberoamericanos se reunían por primera vez en Guadalajara, México. El mundo vivía entonces un momento de esperanza. La Guerra Fría llegaba a su fin. América Latina consolidaba sus democracias. Y la comunidad internacional apostaba por la apertura, el multilateralismo y un orden mundial basado en reglas. Europa también atravesaba una transformación histórica. La caída del Muro de Berlín había abierto una nueva etapa. El Tratado de Maastricht, firmado un año después, iba a dar un impulso decisivo a la integración europea, con la creación del euro. Treinta y cinco años después, el mundo ha cambiado profundamente: la rivalidad entre potencias se intensifica, se multiplican los conflictos, resurge el proteccionismo, la democracia se resiente, y se cuestiona el multilateralismo. En el contexto actual, reforzar la relación entre la Unión Europea y América Latina no es una opción, sino una necesidad estratégica. En este esfuerzo, España y Portugal desempeñan un papel fundamental, sosteniendo y profundizando nuestra asociación birregional. En nombre de los otros 25 Estados miembros, lo quiero agradecer al Reino de España y a la República portuguesa. Somos socios naturales. Compartimos valores, intereses y profundos vínculos políticos, culturales y humanos. Nos une el compromiso con la democracia, el Estado de derecho, la cohesión social, el desarrollo sostenible y los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Fortalecer las Naciones Unidas es una prioridad compartida. Por eso, nosotros en Europa observamos con interés la contribución de Latinoamérica a la elección del próximo o próxima secretario general de Naciones Unidas. Aunque el proceso iberoamericano y la relación birregional entre la Unión Europea y la CELAC tienen sus propias dinámicas, debemos entenderlos como partes de un mismo espacio estratégico. Y lo importante es que ambos espacios avanzan ya en una misma dirección. Las convergencias son claras en ámbitos como la seguridad, los cuidados, la transformación digital o la reducción de los riesgos de desastres. Especialmente, debemos impulsar nuestra cooperación en materia de seguridad. La lucha contra la criminalidad organizada es una prioridad compartida y esencial para todos nosotros. En todos estos ámbitos, Europa y Latinoamérica, nos complementamos. Esta complementariedad es evidente en el terreno económico y regulatorio. La Unión Europea es el primer inversor extranjero en la región (incluyendo también al Caribe), con más de 800 mil millones de euros en inversión directa. Desde su creación, el programa europeo de inversiones Global Gateway ya ha movilizado 33 mil millones de euros para impulsar las transiciones verde, digital y social en Latinoamérica y el Caribe. Y el 97% de todo el Producto Interior Bruto de la región está cubierto por acuerdos comerciales con la Unión Europea. De cara al futuro, tenemos ante nosotros una verdadera ventana de oportunidad. Es el momento de transformar nuestra cercanía en una auténtica fortaleza estratégica. Los acuerdos firmados o renovados en los últimos dos años entre la Unión Europea e importantes actores de la región como el Mercosur, México o Chile, brindan un impulso adicional extraordinario a esta ambición compartida. Especialmente, al ir más allá del aspecto comercial para englobar otras áreas clave de nuestra relación. La próxima Cumbre Unión Europea-CELAC, que celebraremos en Bruselas en 2027, será una buena ocasión para avanzar en esta dirección. Desde aquí, quiero invitar a los jefes de Estado y de Gobierno a participar y contribuir activamente a su éxito. Queremos una asociación basada en nuestros valores e intereses, que refuerce nuestra autonomía, nuestra resiliencia y nuestra capacidad de actuar con una voz más fuerte en el mundo. Para poder ofrecer más oportunidades, más seguridad y más estabilidad a nuestros ciudadanos y nuestras empresas. Este debe ser, ante todo, nuestro objetivo común. Iberoamérica puede contar con la Unión Europea. Muchas gracias. Muito obrigado.
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